“Hay una sabiduría que es dolor. Y hay un dolor que es locura”
‘Moby Dick’, hasta el 10 de marzo en el Teatro La Latina, con José María Pou, Óscar Kapoya y Jacob Torres, dirigidos por Andrés Lima.

El capitán Ahab tiene una cuenta pendiente con la ballena blanca y en este frenético viaje arrastra a toda una tripulación que ve sin remedio cómo han escrito su destino por ellos.
Está en un estado de locura y ceguera navegando hacia un destino inevitable. José María Pou, en estado de gracia, engancha al espectador que conecta con su búsqueda; una búsqueda suicida, pero visceral y eso la hace dolorosamente humana.
“Hay una sabiduría que es dolor. Y hay un dolor que es locura”, ruge Ahab, cincelando una frase demoledora que deja petrificado en la butaca. Es una de las muchas sentencias que en esta adaptación de Juan Cavestany te hacen embarcarte en el Pequod y sufrir con toda la tripulación.
Una tripulación encarnada por dos actores, que acompañan magistralmente a Pou y consiguen, junto al equipo técnico y artístico, que el barco esté lleno y en continuo movimiento.
La puesta en escena, iluminación, espacio sonoro… todo el trabajo de Moby Dick es tan inmenso como la gran ballena que perseguimos todos e incluso podemos llegar a ver.
Cerrar un círculo
“Llámame Ishmael” es la frase con la que comienza el libro y que está entre los rankings de las mejores aperturas de novelas. Ismael (Jacob Torres) es un personaje que nos muestra que, cuando uno no está destinado a algo, la vida y la naturaleza te devuelven a donde debes estar, y por eso, de forma muy inteligente, Juan Cavestany termina esta obra así: “Llamadme Ismael”, cerrando un círculo.
Ese círculo que ha sido tan apasionante para Cavestany como sacar el jugo del texto de Melville que ha sido, en sus propias palabras: “Una de las experiencias más fundamentales que he vivido”.
Andrés Lima dirige este navío y hace que todo tenga una simbología que nos hace reflexionar, junto a Ahab sobre nosotros, nuestros miedos, nuestras valentías, cobardías y nuestros océanos.

El mimetismo de José María Pou con el capitán es fruto de un grandioso trabajo de interpretación. Viéndole en escena se puede ver cómo, aun mirando al patio de butacas, en sus ojos se reflejan el océano y sus misterios.
Ahab piensa a través de la ballena, Pou piensa a través de Ahab y los espectadores pensamos a través de Pou.
La búsqueda de esa ballena, esos miedos, ese dolor, ese destino… No es una lucha solo del capitán Ahab: todos tenemos esa lucha contra nuestra propia ballena, todos tenemos un Moby Dick al que enfrentarnos… la vida misma, por ejemplo. Por eso esta novela y esta adaptación teatral son un viaje a la esencia del ser humano.
